(Las personas están basadas en hechos reales…)

Mar del Plata, diez de enero, del año dos mil quince.

¿De qué me sirven las ciudades? Sí tu voz aprendí a pronunciar…

Para Hellen:

Estacionar sobre la metafísica, lubricar el sortilegio, traquetear los milagros, no redundará en que decomise la estructura ósea de las respuestas -que no registro- aunque bien las quisiera palmeando nuestra espalda, guiñando con un ojo. Quizás sea por alguna teoría de la emancipación del polen, que los hechos que explica un beso, no precisen nombre. Puedo decir que contigo he aprendido a valorar la sombra, la ajenidad ancestral de caracterizar lo incognoscible, juntar las dos manos y que no se vuele el polvo.

Mi corazón sin embargo, afónico, no para de empujarme: “Cuantos duermen todos los días juntos, viajan al trabajo sentados al lado del otro y están tan lejos… ¿Qué clase de vertebrado podría confundir el amor, algo superior, inabarcable e inmaniatable para la especie, con una numérica medida de medición humana? Solo los que habitan en el frío reaccionan igual ante las emociones: No es posible. Esa es la gente verdaderamente pobre, la que existe pero no vive. A la que se le mueve algo, pero lo desconoce. Las fronteras existen en los mapas de los hombres” Sí alguien colgó Ecuador alguna vez de las nubes, acomodo la Argentina más abajo, como antisísmico para el sostenimiento y extendió en forma horizontal la providencia. Sí me dejo los píxeles de una fecha que no corre, varias semillas de caricias, una tonada disímil con pulso de saliva, la primavera perdida en el aeropuerto y el retazo de una noche a la que le faltan muchas otras. ¿Qué clase de estúpido yo si desoyera? “La providencia pidió la carta, usted, hágase cargo de la cuenta…” levita en el silencio del aire, en que te observo cada madrugada.

¿Podes imaginar todas las luces pequeñitas, las turbulencias, los carteros mal pagos que cruzará esta carta? Lleva todas las ventanas que aquí te rastrean, este mar que se seca en mis pupilas, el capuchino de vainilla que peinándose te aguarda, ese duplicado de la puerta que añora refregarse en tu cartera. Para que ni bien pisen Querétaro, se dispersen en la búsqueda alocada de abrazarte como un niño, que se revuelquen sobre el efecto guirnalda de tu cintura, la mitad el mundo que es tenerte y entiendan de una puta vez porque tu nombre solamente, me sale con un nudo en la garganta… Compareciendo como una ola por la hendija de la estafeta. En este guiso de vocales, tildes y pan de yuca. Esperanzado. Excitado como desembarco. Arribando como mis labios descenderían ahora mismo por tu espalda…

Te conté de la geografía de mi apellido, la inocencia a declinar por lo antológico, querer hacer del amor, algo extraordinario. Me ves cumpliendo con tu compañía. Transpirando el continente, si es necesario…

No me presento con la tarea fácil de los horóscopos, el juguete roto de los horarios, las citas mensuales con el dentista, la grifería de las cuentas, la usucapión vecinal del albedrío, la quimera de elegir el sabor de los domingos, una fotocopia de la fe por duplicado. ¿Sino es arrasado, de que nos serviría? Vos sos el disparo al corazón, la baranda que conduce a la alegría. De otro modo nada circula a lo cercano. Alguien tuvo que blandir el fuego, inventar la rueda, cruzar los océanos, hundirse en lo abisal, recuperar las cumbres, trotar con los pájaros, embarrar la luna, para que este siglo fuera el de hoy en día. Yo podaré todos los inviernos, para que esta sea nuestra vida…

Contigo al infinito me parece estar espiándolo. El devenir un cubo mágico resuelto. Los tobillos una oportunidad de no trastabillarse. La fascinación nuestra apariencia de gobierno. Haremos con la carne de esta historia, lo que el resto de las parejas consumen en un cine. Mi país es el reparto de tus manos. Invitaremos a cenar la providencia y le saldaremos hasta el último centavo de la cuenta. Seguiremos de ahora en más, nosotros mismos.

¡Claro! solo no podría…

Te Amo. Como piensa la gente corriente que no se puede.

Falta menos. Siempre…

PD: Sin ti el exterior volvería a ser un planisferio. Yo mismo volvería a ser de mí, algo lejano.

¿Ves, ya falta menos… que hace dos líneas.?

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