La letra chica de los calendarios.

Seguramente en el almacén de tú esquina ya te habrán dado ese calendario de bolsillo que tanto ofende a los magister del diseño y precariza la palabra marketing. Si no tiene la repetida imagen de perritos o gatitos, seguro tiene flores, en el reverso la denominación comercial  que comúnmente coincide con el nombre de pila del almacenero, la innecesaria dirección, que para nosotros es también el nombre de pila del almacenero (“anda a lo de juan y tráeme esto…” y  números encerrados en nombres latinos antiquísimos, que como la hinchada rival, nunca superan los treinta y uno.

El almanaque debe probablemente ser el objeto nuevo que nos cause menos sorpresa, junto a los perfumes de obsequio quizás… A las apuradas, nuestra curiosidad le observa los feriados que seremos menos esclavos, nuestro cumpleaños, el de familiares y  sin el querer queriendo del silencio el de ella…  Al menos, hasta cuando una factoría céntrica nos regale un anuario más grande, de esos vistosos que se ahorcan en la pared, el de bolsillo es a sabiendas (nunca vi en el almacén, que el almacenero use su propio almanaque) que aquel pequeño será barrido al cesto cuando dejen de jugar los más niños.

Si nos detenemos concienzudamente en el mismo, veremos que el veinte de Agosto tendrá las mismas horas que el primero  de Enero, y que probablemente haga calor el próximo veinticuatro de Diciembre, que quizás en Febrero o Mayo haga planes con tu ombligo, lloremos angustiosamente.  ¿O porque no en Julio? Hace ayer fuimos niños y medianos. Cualesquiera de todos esos días podremos desconsolarnos, enquistarnos con la suerte o contar con la dicha de las gracias. Seremos felices nuevamente. Enloqueceremos sin querer.  Conoceremos lo que nos cuentan, nos alcanzara lo contado, mudaremos de piel o de armario. Jodidamente nos aburriremos por ejemplo un ignoto 7 de Marzo. Perderemos afecto y efectos, y los causaremos. Ganaremos quien sabe qué, pero ganaremos. Lo inesperado que tanto esperábamos. Mentiremos  y nos encontraran, nos mentirán y nos escaparemos. Rodaremos gritando. Trabajaremos, que ya es demasiado. Nos enfermaran y nos enfermaremos. Seres se irán. ¿Y quién asegura que nosotros seguiremos…? En fin lo que ocurre todos los años. Nada, solamente eso,  es lo que se haya en fraccionar lo incierto, o en hacer sumas con lo que aguardamos.

El verdadero tiempo no tiene tiempo, somos el momento de un momento, pueden pasar años sin un día, un día en mil años. Existir no siempre es estar vivo. El suceso hace a la fecha, no la fecha al suceso. Cada instante es para andar. Moverse aun estando quieto. Sonreír aun en nuestra contra. Poner en práctica lo deseado en estos lapsos. Son ahora las eternidades.

Veras, mañana los otros tienen la exactitud precisa de la hora exacta que saldrá el sol con solo leer la última página del periódico, lo relevante es que no saben desde donde lo veremos nosotros…

Somos artificios de lo efímero.

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