El renglón de la tarde.

El mantel de olas que borda la resignación de este desierto

la soberanía que le falta a la humedad,

la falta de hambre de la vajilla,

la quietud haciendo restas con un calendario

la mudez de los portazos, la inercia del mobiliario.

La tarde, que maldice a la tarde del ventanal ,

la almohada silbando un tango,

los zapatos chicos que el desvelo no usa más.

Un teléfono sin números, el buzón sin afeitar.

Este silencio tan frontal a tú retrato…

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