Sonrisas dentro de una botella…

Sus mejores horas se las compra un empleo. Pero ella no esta a la venta.

Y yo que soy de juntar todas las letras del diccionario, para hacerle una “vaquita”. Le regalo los mejores versos, esos que se escriben con los labios y se firman con la lengua.

Cuando somos chicos, nunca falta la tía, la abuela, un primo, la maestra, la vecina chusma del barrio en el almacén, papá, mamá, los hermanos, que te preguntan: ¿ Y vos qué queres ser, cuando seas grande? Y uno todavía que no es más que un pendejito molesto, con todo el tiempo del mundo, se imagina, sueña, y responde tantas cosas… a esa edad todavía tenemos todo a mano.

El tiempo transcurre, el primer beso, la secundaria, los amigos de la adolescencia, los excesos, la primera vez, los novios, la mentira, los desamores, el despegue y las desilusiones, ect, ect, ect. Y un día de esos que son como los de siempre, en un modesto departamento alquilado, el espejo nos mira y nos pregunta: “Eu vos, ¿Que queres ser?  Ahora que ya sos grande”. Y es un segundo eterno, uno quisiera desesperadamente volver a ser niño, para que le sobrara el tiempo y las respuestas…

Ahora hay que hacerse cargo, nos toca a nosotros, como dice Eduardo… somos lo que hacemos, para ser mejores de lo que somos…

Te la cambio por tú brisa, en la cita próxima…

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