Domingos.

 

El domingo es una ojera de la tregua,

un crepúsculo que jamás amaneció

el invierno añejándose en una maceta

el diafragma entreverado en un renglón.

 

El domingo es un semáforo en muletas

un recuelo abandonado, el abismo del colchón

una silla sin mesa, una ola en toallón

un almanaque sin fecha, un geriátrico en el balcón.

 

El domingo es un retrato que se avejenta

la piel de la arena, apoteosis del ascensor

un paraguas marchito, un mimo disecado

la siesta del reloj, el anaquel en camisón.

 

El domingo es el tapiz de la inercia

la radio autista, una diéresis en la estafeta

el domicilio de un barco, una birome goteando

un edificio extraviado, un bollo de corazón.

 

Pluscuamperfectas pandemias de veredas

arrebujo de cenizas, desiertos de cartón

saudade en los zapatos, confines del espejo

planisferio del aguacero, mitocondria de velador.

El domingo es el infierno de buscar una razón…

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