La vecina del letargo…

Ni el desvelo tan sicario de los sueños

Ni la bronca tan hermana del oprobio

Ni las lagrimas que miran el espejo

Ni los huesos que sostienen el agobio.

 

Ni el silencio que atornilla el desamparo

Ni la cama donde añora el resignado

ni el bramido del lugar deshabitado

ni el desahució de saber que todo es vano.

 

Ni la acera, mar adentro del estigma

Ni la caricia taciturna de la noche

Ni el auxilio del socorro y el pretexto

Ni malaria, ni la suerte, ni el contexto.

 

Ni tentativa, ni el intento, el bofetazo

Ni el sosiego que convida el cementerio

Ni la intriga que reflejan las ventanas

Ni el teléfono del otro lado descolgado.

 

Ni la voz carcomida por el espanto

Ni una epístola que anoticie de los besos

Ni el revolver, ni las olas, ni el manzano

Nada es tanto… y volver el lunes al talego.

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2 Respuestas a “La vecina del letargo…

  1. Interesantísimo. Incita al razonamiento y, a la vez, a su rápido abandono.
    “Nada es tanto”. Y nada es poco. Cada cosa en su lugar y proporción, es.
    Un saludo.

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