Esta noche…

Ni las luces del camino que te pierden, ni los ojos de las lunas que me guiñan, ni el sarcasmo amiguista que sonríe, ni los bares donde vive mi osadía, ni los libros que me invitan otra copa, ni el cigarro que prende un pucho para hacerme compañía.

Ni los hermanos que me pueblan la alegría, ni los alquileres donde triunfa el inquilino, ni las bocas que me besan de rodillas, ni las guapas que confunden bohemia con algarabía…

Ni aquel árbol que en la noche me da sombra, ni la plaza donde lloro sin que se note, ni el instinto de envejecer a tono verde, ni el sacramental llamado de la familia.

Ni la oscuridad y sus paseos de verano, ni las llaves de mi casa que es de citas, ni los versos y el manual de hacer un bollo, ni la ducha en compañía de la orgía, ni aquel timbre que viene a buscarme en coche, ni la almohada que me invita a ser silencio.

Ni el pirata que anda a pies en todos los mares, ni los camareros profesores de filosofía, ni el invierno que me cuenta su tristeza, ni ese aura que se aleja en letanías, ni el aquel vaso de resaca a última hora.

Ni la conciencia de saber que hoy es el último día, ni el fin de mundo que se burla de los mayas, ni aquel after que deja al ridículo el alba, ni el oleaje y su hospedaje para siempre.

Ni la lucha que mantiene en sintonía, ni la guerra encarnizada, su conscripto,  ni la causa más perdida a la que alisto, ni los colores tan dentro de mi alma, ni aquel grito de socorro del vecino.

A tu oído lo había prometido, esta noche voy contigo donde digas…

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