Volviendo a hacer ruido…

Detenerse justo delante de la puerta, ambientar la cara a la situación, inventarse a uno mismo un ademán que tiña nuestro rostro, que transmitan nuestros ojos una sensación tal, una respuesta automática, que había valido el haberse desaparecido, la mejor forma de regresar es entrar sujetando con firmeza el picaporte para evitar el ruido, andar pisando sobre el aire más que sobre el piso, justamente por eso, para evitar el ruido, impedir todo movimiento abruptamente corporal toda palabra con tono de voz, valga la redundancia, para no hacer ruido, actuar con normalidad pero pasando desapercibido, responder a los saludos por inercia cotidianos, con un gesto que minimice el sonido, espolvorear los libros.

Ordenar el desorden de papeles, que dan aspecto de estar embalsamados, lavar esos vasos con manchas de labios y semivacíos, inventariar las lapiceras que han envejecido, abrir las ventanas para que la habitación se desperece, acariciar ese reloj, digno ejemplo de laboriosidad, que ni por un segundo todo este tiempo ha dejado de hacer tic-tac.

Ventilar el olor a pena, vaciar ese cenicero desbordado, prueba cabal de que los recuerdos queman,  secar las lágrimas del piso, darle vida a este sitio, al fin y al cabo. Volver es justamente eso, y valga la redundancia, un tema de ruidos…

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