Pongamos que es Primavera…

Ese aroma a conquista, esa inmortalidad, el mundo es nuestro. Ese sonrojo, esas mejillas, en los parpados que se despiertan, esa balsa en la nada que avista tierra, esa broma de niños, ese juguete nuevo, esa flor que se corta, esa mano que la lleva, ese segundo eterno al golpear su puerta, ese amigo, esa foto, que la nostalgia sella.

Ese beso, esos labios, ese perfume de adolescencia, esas golosinas con caries, esos candores que desperezan y desesperan, esa riqueza en monedas, esa bici que vuela al cielo, esas promesas certeras que al destino irreverencian, esa inocencia que ríe cuando al oído le susurra la insistencia, esa pelota, ese sándwich que el sol derrite como al tiempo, esa mochila liviana, tan solo por el momento…

Esas historias de mitos que no hay Aquiles que las merezca, ese sol que broncea la dentadura del alma nueva, esa huelga de rutina, ese primor, esa verbena, por algo tiene nombre de mujer, es tan guapa la primavera…

 

(A la estación con andenes de ida, jamás de vuelta…)

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