¡Al carajillo!

A las urbes diurnas,

el hastío de la cárcel,

del que aguarda.

La soledad,

cuando hunde su alabarda

las noctívagas taciturnas.

 

A los labios que rememoran

los bares que tienen logos

los psicólogos y astrólogos

los verbosos que condecoran.

 

A la desazón, sus chocarrerías

las nubes que nublan tu comenzar

a la abundancia, su tacañería

las que pretenden casarse…

…y con un zar

la madurez que huye,

de la confiterías

al señorío que osa,

decidir por el azar…


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